El helado de almendra mallorquín, o gelat d'ametlla, es un postre tradicional muy apreciado en Mallorca, especialmente en los meses más cálidos. Esta receta casera se prepara con almendras tostadas y leche, lo que le aporta un sabor intenso y característico, además de una textura cremosa que lo hace irresistible.
Lo mejor de todo es que es un helado casero facilísimo de hacer, ya que no necesitas una heladera para conseguir un resultado delicioso y suave, perfecto para refrescarte en verano o como postre después de una comida.
En Mallorca, es muy típico disfrutar este helado casero de almendras acompañado de un gató de almendra o una coca de cuarto, creando una combinación perfecta para cualquier ocasión. Además, su elaboración sencilla y natural lo convierte en una opción saludable y artesanal frente a los helados comerciales.
Ingredientes
- 750 ml de leche entera
- 4 huevos
- 200 gramos de azúcar
- Azúcar avainillado al gusto
- 100 gramos de almendra molida tostada
- 40 gramos de fécula de maíz
- 300 ml de nata para montar
Como hacer helado de almendra
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Calentar la leche con la almendra
Pon una cazuela amplia al fuego medio y vierte la leche junto con la almendra molida tostada. Remueve poco a poco con una cuchara de madera o unas varillas para que la almendra se integre. Cocina unos minutos sin que llegue a hervir fuerte.
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Separar los huevos y montar las claras
Casca los huevos y separa las claras de las yemas en dos recipientes distintos. Coloca las yemas en un bol amplio para utilizarlas más adelante y bate las claras con unas varillas eléctricas hasta obtener un punto de nieve firme, brillante y estable.
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Preparar la mezcla de yemas
Añade a las yemas el azúcar, el azúcar avainillado y la fécula de maíz. Bate bien con unas varillas hasta conseguir una mezcla fina, cremosa y completamente homogénea, sin grumos.
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Incorporar la crema de yemas a la leche
Vierte poco a poco la mezcla de yemas en la cazuela con la leche caliente y la almendra, removiendo constantemente para que se integre perfectamente. Cocina a fuego suave sin dejar de remover, poco a poco la mezcla irá espesando hasta adquirir una consistencia cremosa.
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Cocinar y enfriar la crema de almendra
Continúa removiendo a fuego suave hasta que la crema espese ligeramente y quede lisa y cremosa. Retira del fuego, pásala a un recipiente amplio y deja enfriar antes de llevarla a la nevera. Una vez bien fría, tendrá la textura ideal para continuar con la preparación del helado.
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Montar la nata
Mientras la crema se enfría, monta la nata bien fría con unas varillas hasta que tenga cuerpo, quede aireada y forme picos suaves.
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Mezclar la nata con la crema de almendra
Cuando la crema esté completamente fría, incorpora la nata montada poco a poco con movimientos suaves y envolventes. Mezcla con cuidado.
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Añadir las claras montadas
Agrega las claras a punto de nieve en varias tandas, mezclando con movimientos envolventes de abajo hacia arriba hasta obtener una mezcla homogénea, esponjosa y aireada.
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Llevar al molde y congelar
Vierte la mezcla en un molde apto para congelador o en un recipiente metálico amplio. Alisa la superficie y cúbrelo. Introduce el molde en el congelador.
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Congelar hasta lograr la textura perfecta
Deja congelar durante al menos 7 horas, aunque lo ideal es dejarlo toda la noche. Sácalo unos minutos antes de servir para que se atempere ligeramente y resulte más fácil hacer bolas de helado.